En el mundo digital, el ransomware se ha convertido en un costo fijo para muchas empresas, similar al ‘derecho de piso’ en el ámbito físico. Este tipo de extorsión tiene un impacto económico significativo en las organizaciones, amenazando sus activos y buscando un rescate para liberar la información o evitar un ataque.
En México, la extorsión ya no es un delito marginal, sino un fenómeno estructural en la economía. Entre 2015 y 2024, el número de víctimas de extorsión aumentó un 74%, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. La Encuesta Nacional de Victimización de Empresas la ubica como el tercer delito más frecuente contra compañías, detrás del robo y el fraude.
El Informe de Ransomware 2025 de Akamai Technologies destaca la complejidad de la extorsión cuádruple, que combina cifrado de sistemas, robo de datos, ataques DDoS y presión a terceros como clientes y socios. Este enfoque multinivel puede interrumpir operaciones, dañar la reputación y forzar a las empresas a gestionar la crisis de manera reactiva.
El costo promedio de un ataque de ransomware en México puede superar los 2 millones de dólares en casos puntuales, lo que representa un desafío económico considerable para las empresas. Las PyMEs también se ven afectadas, con daños promedio que rondan los 1.2 millones de pesos, comprometiendo sus operaciones completas.
Las empresas latinoamericanas, incluso con sistemas de protección avanzados, han experimentado un aumento en incidentes de seguridad de red. Los ciberdelincuentes aprovechan vulnerabilidades para infiltrarse, robar datos y afectar aplicaciones o cargas de trabajo.
Ante este panorama, es fundamental que las empresas adopten un enfoque práctico de seguridad, fortaleciendo sus defensas contra el ransomware con medidas como la segmentación de redes y la autenticación estricta para usuarios y dispositivos. La protección contra el ransomware es más efectiva cuando se combinan estándares claros con medidas de apoyo y se fomenta la adopción de prácticas sólidas de resiliencia.
La convergencia entre extorsión física y digital muestra que las empresas mexicanas deben destinar recursos para la resiliencia digital, implementando estrategias de Zero Trust, capacitación de empleados y planes de respuesta a incidentes. En un entorno donde el ransomware ya no es solo un ataque, sino un costo fijo para hacer negocios, la preparación y la prevención son clave para la seguridad de las empresas en México y Latinoamérica.